Los cambios de etapa en la escolaridad

La escolaridad de los alumnos está constituida por una serie de etapas que tienen mucho que ver con la edad y los procesos formación y evolución de los niños, después adolescentes.

Los cambios de una etapa a otra deben ser asumidos con naturalidad y confianza, pues secuencian el largo camino de la educación y de la formación.

En el momento actual, y coincidiendo en gran medida con el desarrollo natural biológico de los niños, la Educación Obligatoria se secuencia en tres etapas: Educación Infantil (de tres a seis años), Educación Primaria (de seis a doce años), Educación Secundaria desde los doce a los dieciocho años, incluye la etapa de Secundaria Obligatoria y la de Bachillerato.

El paso de una a otra trae consigo una serie de cambios: de cursos, de tutor, de compañeros, de asignaturas, que también pueden ir acompañados de transformaciones a nivel personal y familiar: nacimiento de hermanos, separaciones, muertes, etc., que afectan tanto a nivel emocional que puede influir en su rendimiento académico o su entorno socio-afectivo.

Si queremos que nuestros niños sean felices a lo largo de toda su escolaridad, es fundamental que facilitemos estas transiciones y, para ello, es bueno tener  en cuenta una serie de puntos:

•Empezar el curso con seguridad y alegría, presentando los aspectos positivos y las posibles dificultades que deberá superar, evitando volcar nuestras malas experiencias que puedan influir negativamente.

•Mantener un contacto periódico y fluido entre padres y tutores que permita compartir la información necesaria para conocer su evolución en el Colegio y los problemas que puedan surgir, tanto en casa como en el centro. Una relación positiva entre los adultos transmitirá mucha seguridad a los alumnos.

•Prestar mucha atención al estado de ánimo de los alumnos durante las primeras semanas de curso, e incluso entrado el mes de octubre.

•Favorecer los vínculos afectivos seguros con la familia y también con los profesores que ayuden a tener una escolaridad más estable, a estar motivado y a sentirse seguro en sus aprendizajes.

•Potenciar su autonomía, pero no debemos entender autonomía solo como la capacidad de vestirse solos, de acordarse de las tareas (misión complicada cuando son tan pequeños)o de estudiar sin nuestra ayuda. Porque tan importante es la autonomía motriz y académica como la que atañe al crecimiento emocional y a la capacidad de relacionarse en sociedad adecuadamente, solucionando los conflictos que surjan con los demás compañeros.

•Tener presente que el grado de exigencia se incrementa a medida que van avanzando los cursos y, por tanto, el trabajo y el rendimiento del estudiante debe ser más intenso que en la etapa anterior. También aumenta la capacidad, velocidad y manejo de las destrezas y herramientas de aprendizaje.

•Motivar y valorar el esfuerzo realizado durante un trimestre o en un examen concreto; asimismo, es importante ser positivo ante un fracaso académico y buscar soluciones antes que sanciones.

•Cuidar la alimentación y horas de sueño, importante para que el rendimiento académico de los niños y adolescentes sea satisfactorio; un buen descanso y desayuno proporcionarán las fuerzas necesarias para afrontar una larga jornada.

•Consultar con un especialista sin temor si durante el curso escolar se notan cambios en el estado del niño o adolescente, en sus comportamientos o en su rendimiento que le afecten profundamente.

En definitiva, según palabras de Isabel Carvajal, “profesores y familia debemos estar en el mismo barco, remando en la misma dirección y con un cariño incondicional hacia el alumno (niño primero, adolescente después) procurando que crezca en sabiduría, apoyados en valores sólidos y acompañados en su camino”.

 

Isabel Ruiz, Directora de Educación Infantil y Primaria

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