No sé hacerlo: el miedo a equivocarse

Cuántas veces en nuestra vida cotidiana oímos, o incluso decimos: No sé hacerlo.

Como docentes, nos enfrentamos a esta casi imprecación con mucha frecuencia; nuestra labor es enseñar a los alumnos a tolerar la frustración y superar las dificultades; para que sean capaces de vencerlas y hacer y aprender por sí mismos.

Los escritores hablan del temor a la página en blanco, lo mismo les ocurre a los alumnos en ocasiones; cuando les propones un ejercicio su reacción es: ¿cómo empiezo?, ¿qué hay que hacer aquí?

Los alumnos demandan pautas a la hora de ejecutar las labores propias del Colegio, o de una determinada asignatura, y es normal, están acostumbrados a recibir instrucciones y gran parte del aprendizaje de su vida va a ser leer para hacer o leer para obedecer.

Pero también hay una forma de aprendizaje que consiste en crear, buscar y elaborar por uno mismo las estrategias necesarias para resolver un problema o una situación.

Pues bien, se trata de que usen y manejen todas las herramientas, tanto las más creativas que implican que ellos busquen las respuestas, como las más dogmáticas o metódicas que consisten en en aplicar un método para la resolución de problemas. Y algo imprescindible, que sepan en qué ocasión es mejor usar una u otra respuesta.

Ante un ¿y cómo empiezo?, o un ¿qué hay que hacer aquí?, debemos guiar, animar, tirar de ellos como Teseo lo hizo con el hilo de Ariadna para salir del laberinto de Minos.

Muchas veces la inacción es síntoma del miedo a equivocarse, el cual no solo es comprensible; también es necesario, siempre que no sea paralizante.

Por ello hay que enseñar a los alumnos a trabajar con cuatro pasos:

  • Aléjate de donde estás: hay que separarse y tomar un poco de distancia respecto del objeto o tema de estudio.
  • Piensa en lo que sabes hacer: los alumnos tienen una serie de herramientas y habilidades, saben leer, escribir, resolver, relacionar, explicar, exponer, …
  • Piensa en qué tienes que hacer: deben dedicar un tiempo para leer de forma comprensiva y asimilar los enunciados o instrucciones; es básico para saber qué tienen que hacer.
  • Hazlo: una vez realizados los tres pasos anteriores, solo hay que hacer: tomar la palabra, coger el bolígrafo, plantear los problemas, resolver la fórmula, relacionar las imágenes, …

A veces los alumnos actúan y trabajan, pero sin método; y toda la energía se desaprovecha, así que hay que trabajar mucho, pero sobre todo hay que trabajar bien, tener un buen método es esencial para el éxito, en cualquier faceta de la vida.

Para ello, los adultos –docentes, padres, abuelos, …- debemos alentar su curiosidad, animándoles a probar cosas nuevas, recordándoles que aprender es hacer propio lo nuevo, es conocer las ideas, relacionarlas entre sí, … y deben saber que de los errores se aprende, aunque estos tengan consecuencias, y que el miedo a equivocarse no puede paralizar sus acciones.

También debemos hacerles notar que confiamos en ellos, la confianza se transmite; por ejemplo: cuando preguntemos por el resultado o desarrollo de algo, debemos hacerlo desde lo positivo.

Para que nuestros alumnos confíen en sí mismos y se atrevan a hacer, también nosotros tenemos unas pautas que seguir: animarlos a probar cosas nuevas; ser nosotros quienes más confíen en ellos; evitar hablar desde la negatividad, desde el fracaso.

Aunque parezca difícil, hay que dejar que se equivoquen para que lleguen por sí mismos a la solución. Debemos ser guías para que encuentren por sí mismos las respuestas; para que ante una tarea nueva la pregunta no sea ¿cómo lo hago? sino ¿cuándo empezamos?

 

Julia Valbuena, Responsable del Departamento de Lengua

 

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