Lecturas para una tarde de verano

Quién no recuerda una tediosa tarde de verano en la que nos prohibían salir por aquello de que era demasiado pronto y hacía excesivo calor y el sol estaba muy alto y los riesgos de la insolación eran muy grandes y había que dormir la siesta o descansar, al menos descansar…

Esta oportunidad de aburrimiento absoluto que les negamos a nuestros hijos probablemente sea la oportunidad perdida de que inventen, construyan, pinten, jueguen a escondidas  y lean…  Nos esforzamos al máximo para que no tengan tiempo libre sin nada que hacer y los “nada que hacer” están llenos de “mucho por descubrir y por leer”.

Las vacaciones de verano pueden ser el mejor momento para regalar libros que les apetezca de verdad, sin buscarles mayor utilidad que la del disfrute. También es el momento de “perder” libros, libros interesantes que podemos dejar cerca de sus manos subrepticiamente, para que los descubran, incluso podríamos jugar a esto de “prohibir” o recomendar a la inversa… nada mejor en una tediosa tarde de aburrimiento que hacer algo prohibido: no duermo la siesta y además leo lo que no quieres. Ideal si en el sitio donde vamos de vacaciones no hay wifi ni televisión, los grandes obstáculos en esta nueva infancia de horizonte perdido en una pantalla.

¿Y qué es lo más apropiado para leer en vacaciones? Los adultos tendemos a guardarnos lecturas ligeras para el verano. El verano está hecho para el descanso y nos permitimos pequeñas licencias que rompen con lo cotidiano del resto del verano. Al igual que a nosotros dejemos que nuestros hijos descubran aquello que les apetece leer, buen momento para premiarles los resultados del curso con la elección de algún título en una librería (aunque se salga de lo que nosotros les elegiríamos).

Para los más pequeños es el mejor momento para leer en familia, quizá la lectura justo antes del sueño pierda sentido con las cenas tardías y sus sobremesas, pero la hamaca, la sombra de la encina o el sofá en algún momento relajado pueden sustituirlo fantásticamente bien.

Si la familia viaja algún lugar con muchos sitios por visitar es verdaderamente divertido el conocerlo previamente, se suelen encontrar fácilmente guías de viajes para hacerlo con niños, y les encanta leer sobre los lugares que van a ver estudiando mapas y leyendo anécdotas.

¡Feliz verano!

 

Ana Cadórniga, Bibliotecaria

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