La biblioteca en Educación Infantil

La lectura no es importante porque divierta, o porque transmita información, o porque nos permita conocer la literatura de nuestro Siglo de Oro, sino por algo más radical: porque la inteligencia humana es una inteligencia lingüística. Sólo gracias al lenguaje podemos desarrollarla“.

José Antonio Marina

 

Desde que nacemos todo a nuestro alrededor toma forma al decirlo, lo primero que buscamos es comunicarnos, parte de lo más profundo de nosotros, necesitamos decir, que nos entiendan, necesitamos que nos ayuden a algo y lloramos contrariados si no nos lo dan. Esas primeras toscas maneras son atendidas solícitas, normalmente mediante el método de ensayo y error, si llora pues será frío, hambre, sueño, está sucio… o se aburre. Qué alborozo (y competición entre progenitores) cuando por fin articula su primera palabra. Ahora viene la ímproba tarea de convertir ese mundo sensorial que rodea al niño en un mundo de palabras, todo tiene un nombre. Y ahí intervenimos todos, participamos grupalmente de la composición de ese universo lingüístico.

En la hora de biblioteca reforzamos ese trabajo, buscamos desde la tradición oral y literaria que afiancen sus primeras palabras, sus propias expresiones, incluso los más mayores son capaces de salir y narrar algo ante los demás. Narrar y escuchar narraciones no sólo influye sobre el vocabulario. No somos un almacén de nombres que soltamos señalando con el dedo los objetos que nombramos. Verbalizamos acciones, ordenamos acontecimientos, expresamos sentimientos y abstracciones, y ese trabajo es previo a lo escrito, las palabras sobre el papel dejan para la posteridad aquello que hemos producido en un momento dado, nos perpetúa, pero en esa etapa de nuestra vida en que la palabra escrita nos llega a través de alguien, solo necesitamos afianzar nuestro vehículo de comunicación, aprender, aprehender nuestra lengua y querer que llegue el momento de interpretar nosotros solos aquello que nos leen, sea lo que sea. Nuestra tarea es esa, que el niño desee con todas sus fuerzas que ese caminito de hormigas ininteligible sobre papel se transforme en las palabras que comprende en su expansivo universo lingüístico.

 

Ana Cadórniga, Bibliotecaria

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