Competencias académicas para el S. XXI

La Unesco establece cuatro pilares para la educación: “aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir”.

El término competencias y habilidades para el siglo XXI aparece por primera vez en 2009, en el seno de un proyecto de la OCDE. Sin embargo, los principios inspiradores de dichas competencias surgen algún tiempo antes, cuando la Unesco establece, en 1996, cuatro pilares fundamentales de la educación para el siglo XXI: “aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir”.

La primera vez que se incluye el término “competencia” en una ley educativa española es en la Ley Orgánica 2/2006 (LOE). En ella, se contemplaban  las “competencias básicas”  como un elemento esencial del currículo,  que debían adquirirse desde todas las áreas y materias. Esto implicó un cambio en el enfoque existente sobre el proceso educativo que evolucionó hacia un enfoque global de aprendizaje.

La Ley Orgánica 8/2013 para la Mejora de Calidad Educativa (LOMCE) concibe también el aprendizaje basado en siete “competencias clave” que se caracterizan por su transversalidad y por estar dirigidas a la formación integral de los alumnos.

Estas competencias clave implican una nueva forma de enseñar, más práctica, que capacita a los alumnos para aplicar la teoría y los conocimientos de los libros de texto a las situaciones que se pueden plantear en la vida cotidiana.

Los alumnos necesitan adquirir estas competencias claves para su desarrollo personal e intelectual y para su formación como ciudadanos responsables y su inclusión social y laboral.

Por otro lado, la sociedad actual demanda ciudadanos con capacidad para trabajar en diferentes entornos laborales y que dispongan de recursos para adaptarse a cambios que puedan esperarles en el futuro. Por este motivo, los ámbitos educativos y sociales no deben funcionar como entornos aislados sino colaborativos en formar personas que puedan adaptarse a las demandas de la sociedad.

Los retos de la educación para el futuro según algunos expertos de la comunidad internacional educativa deberían esta orientados a formar personas que sean competentes en las TICs (capaces de aprovechar las todas las posibilidades que la sociedad digital les ofrece), personas preparadas para comunicar o presentar sus ideas, personas creativas y emprendedoras, personas con pensamiento crítico y altos dotes sociales.

Nuestro reto como educadores supone adaptarnos a las nuevas necesidades de la educación del futuro y formarnos para ejercer este nuevo rol, así como diseñar estrategias metodológicas que faciliten a los alumnos la adquisición de dichas competencias, conceptualizadas en la LOMCE como “saber hacer desde el conocimiento y la experiencia”.

 

Mar Gómez, Directora de Educación Secundaria

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